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La güeb de
MACÍAS PAJAS
2023

Freedom Downtime.

Así se llama la película que estuve viendo el otro día. Un documental de hackers que nos acerca al mundillo mas allá del sensacionalismo barato de los grandes medios.

El documental comienza narrando, en tono triste, la juerga que se corrieron Phiber Optik y sus colegas la noche antes del ingreso en prisión de este “peligrosísimo elemento antisocial”, para pasar a contarnos la aterradora historia de Kevin Mitnick. Aterradora porque vas viendo como se aplica la ley antiterrorista a personas de una peligrosidad mas que cuestionable.

Es una historia de abusos y de como las autoridades pervierten un sistema legal, persiguiendo con saña a “criminales” muy poco peligrosos, a veces críos. Se entrevista a varios hackers que han sufrido toda clase de perrerías desde la impotencia e indefensión. El caso de Mitnick es especialmente sangrante: Cuatro años encarcelado (sin fianza) entre la detención y el juicio. En su anterior encarcelamiento, ocho meses incomunicado. Joder, ni que fuera Steve McQueen en “La Grán Evasión” ¿El motivo? Parece ser que su ex-novia dijo que podía lanzar misiles nucleares silbándole a un teléfono (No es coña). Y por lo visto mas de uno se lo tragó.

La película toca otros temas y pone en entredicho las pérdidas millonarias que varias empresas atribuían a Mitnick. Explica el poco rigor de los artículos sobre Mitnick que fueron portada del Times, escritos por el “experto” John Markoff. Incluso habla de la película que se rodó intentando aprovechar el tirón de la historia. (Un producto bastante mediocre, para estrenar directamente en televisión, aunque se pretendía otra cosa). Película basada en un bodrio de libro escrito por Markoff y Shimomura, el tipo ese que ayudó a las autoridades a cazar a Mitnick.

Y aunque es un punto de vista parcial (Y algunas cosas que se cuentan son muy parciales), es también el otro lado de la historia. Ese que no se enseña en los medios, y que solo conocen quienes se busca un poco la vida. En este contexto la reivindicación sobre la libertad de Kevin se convierte en algo mas, una lucha por los derechos de todos y una defensa del hacking en general.

Una historia de activismo del que se pueden extraer conclusiones interesantes, como la poca validez de razones arbitrarias como la “Alarma social”. Alarma que en ocasiones está generada por la ignorancia (intencionada o no) de medios sensacionalistas y políticos irresponsables ante un público que está deseando escandalizarse.

Su mayor defecto es que quizás se intenta abarcar demasiado, lo que implica poca profundidad en muchos de los temas que toca. De todas formas a mi me ha gustado y la recomiendo a todos aquellos interesados en el movimiento contracultural del Hacking. Tengo la certeza de que esta obra llegará a ser, con el tiempo, un documento importante de la historia del mismo, al lado de revistas míticas (Phrack) o libros como The Hacker Countdown de Bruce Sterling.

Por desgracia no estará próximamente en su pantallas.

Macías Pajas

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