LA PUERCA DEL OTRO DÍA
(Y LOS QUE SON COMO ELLA)

El otro día estaba comprando algo en el supermercado del barrio cuando me encontré con una de ellas. Una de esas que hacen la compra del mes a última hora.

Estaba lleno de gente que trabaja y que no tiene mas remedio que ir a esa hora para hacer una compra rápida. Por eso solo hay una caja abierta. Pero no, la muy asquerosa, que seguro que se ha pasado toda la tarde tocándose el higo y viendo el programa de Ana Rosa Quintana, coge sus pantunflas y llena tres carros de productos. La cola provocada fué antológica. Todos la odiamos cuando al final, a la hora de pagar, sacó el monedero y se puso a contar monedas de céntimo con toda la calma del mundo.

Me la imagino el sábado por la mañana, cuando las personas que trabajan tienen que madrugar para hacer la compra gorda, sacándose los mocos en la cama.

Y es que hay quien dice, no sin razón, que la de las pantunflas tiene todo el derecho del mundo para comprar todo lo que quiera a cualquier hora. Yo también pienso que tengo todo el derecho del mundo a odiarla.

Porque esta maruja pertenece a una subespecie humana (¿ O debería decir especie subhumana?) que conozco muy bién. La de los mamones que van al mostrador de billetes de la RENFE en plena hora punta para preguntar los precios de todos los destinos posibles, y de paso comprobar si quedan plazas. Y los que vayan a perder el tren... que se jodan.

Lo dicho. Odio a la maruja del otro día.

Macías haciendo cola.


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