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Las aventuras escatológicas de Macías Pajas (Vol 1).

Recuerdo el café de mi facultad. Tenía varias características en común con la mierda. Ambas cosas huelen que apestan y suelen servirse en tazas de porcelana de color blanco.

Había una tercera característica que emparentaba aquel café con la mierda. Había que estar muy curtido para beber aquel brebaje y no acabar en el retrete (meditando) cinco minutos mas tarde. Causa y efecto: Una cosa desencadenaba la otra. Era tan malo que cuando un compañero mío pedía una taza de mierda, el camarero no se ofendía.

Y pasan los años y uno va olvidando aquellos maravillosos retorcijones. Hasta que el otro día, en un bar, se me olvidó mi saludable hábito de pedir descafeinado. Cabrones bastardos hijos de mil putas.

Así que salgo zumbado para el water con mis tripas pidiendo un vaciado urgente y me encuentro ese espectáculo lamentable. ¡Que asco! Típico. Se ahorran todavía mas dinero en limpieza que en café. Desde luego no iba a colocar mis posaderas en ese aro repleto de restos de meados, de forma que me decidí por el estilo “Rupestre”, es decir, en cuclillas y sobre el suelo. Que se jodan.

Como tampoco había papel, metí la mano en el bolsillo de la cazadora buscando unos pañuelos de papel. El caso es que además del papel había algo mas: Petardos ¿ Sabíais que se puede hacer una mecha de retardo para un petardo empleando un trozo de cigarrillo?

Seguro que todavía se acuerdan de mi gotelé. Puede que se caguen en mis muertos, pero yo me he cagado en su cuarto de baño. En TODO su cuarto de baño.

Macías Pajas.
A lo mejor después de aquello se decidieron a limpiar el baño.

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